lunes, 15 de octubre de 2012

LA HISTORIA DE MARÍA JOSÉ


LA HISTORIA DE MARÍA JOSÉ


El día que mi María José nació, en verdad no sentí gran alegría porque la decepción que sentía parecía ser más grande que el gran acontecimiento que representa tener un hijo. Yo quería un varón.
A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y la otra radiante y dormilona. En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisa de María José y por el negro de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura, su carita, su sonrisa y su mirada no se apartaban ni un instante de mi pensamiento, todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacía planes, todo sería para mi María José.
-Este relato era contado a menudo por Randolf, el padre de María José: Yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Randolf, según decía él mismo. Una tarde estaba mi familia y la de Randolf haciendo un picnic a la orilla de una laguna cerca de casa y la niña entabla una conversación con su papá, todos escuchábamos atentamente-
-Papi, cuando cumpla quince años, ¿Cuál Será mi regalo?.
-Pero mi amor si apenas tienes diez añitos- ¿No te parece que falta mucho para esa fecha?.
-Bueno, papi, tú siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí-
La conversación se extendía y todos participamos de ella. Al caer el sol regresamos a nuestras casas.
Una mañana me encontré con Randolf frente al colegio donde estudiaba su hija quien ya tenía catorce años. El hombre se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro. Con gran orgullo me mostró el registro de calificaciones de María José, eran notas impresionantes, ninguna bajaba de 10 y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores, felicité al dichoso padre y le invité a un café.
María José ocupaba todo el espacio en casa, en la mente y en el corazón de la familia, especialmente el de su padre.
Fue un domingo muy temprano cuando nos dirigíamos a misa, cuando María José tropezó con algo, eso creímos todos, y dio un traspié, su papá la sostuvo de inmediato para que no cayera. Ya instalados en nuestros asientos, vimos como María José fue cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento. La tomé en brazos mientras su padre, buscaba un taxi y la llevamos al hospital. Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía de una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, que debía practicarle otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme.
Los días iban transcurriendo, Randolf renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de María José, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él.
Una mañana Randolf se encontraba al lado de su hija cuando ella le preguntó:
-¿Voy a morir, no es cierto?, Eso te lo dijeron los médicos ¿verdad?
-No mi amor, no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitiría que pierda lo que más he amado en el mundo respondió el padre.
-¿Los que mueren Van a algún lugar?. ¿Pueden ver desde lo alto a las personas queridas?. ¿Sabes si pueden volver?
-Bueno hija, respondió, en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola. Estando en el más allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte.
-¿Al viento? ¿Y cómo lo harías papi?.
-No tengo la menor idea hija, sólo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas.
Ese mismo día por la tarde, llamaron a Randolf, el asunto era grave, su hija estaba muriendo, necesitaban un corazón pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más. ¡Un corazón!. ¿De dónde saco un corazón?. Lo vendían en la farmacia acaso, en el supermercado, o en una de esas grandes tiendas que hacen propaganda por radio y televisión. ¡Un corazón!. ¿Dónde?.
Ese mismo mes, María José cumpliría sus quince años. Fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, las cosas iban a cambiar. El domingo por la tarde, ya María José estaba operada. Todo salió como los médicos lo habían planeado. ¡Éxito total!. Sin embargo, Randolf no había vuelto por el hospital y María José lo extrañaba muchísimo. Su mamá le decía que ya que todo estaba bien y que sería el papá quien trabajaría para sostener la familia, María José permaneció en el hospital por quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así lo hicieron.
Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó una carta de su padre.
María José, mi gran amor: "Al momento de leer mi carta, debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho, esa fue la promesa de los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuánto lamento no estar a tu lado en este instante.
Cuando supe que ibas a morir sentí que yo también moriría contigo, y me preguntaba ¿qué podía hacer?... después de tanto pensar y sentir mil cosas dentro de mí, decidí finalmente que la mejor manera de hacer algo por ti era darle respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenías diez años y a la cual no respondí.
Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás ha hecho. Te regalo mi vida entera, sin condición alguna para que hagas con ella lo que creas que es mejor, sintiendo muchas cosas bellas y sabiendo que en el mundo lo más importante es que quieras vivir, ¡Vive hija!. ¡¡¡¡Te amo!!!!... También quiero que sepas que hoy, mañana y siempre estaré a tu lado, siempre. Te Amo y siempre Te Amaré, porque eres lo más grande y hermoso que Dios me ha dado... siempre estaré contigo, siempre TE AMARÉ...
María José lloró todo el día y toda la noche. Al día siguiente, fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá, lloró como nadie lo ha hecho y susurro:
-Papi ahora puedo comprender cuánto me amabas, yo también te amo aunque nunca te lo dije. Por eso también comprendo la importancia de decir "TE AMO". Y te pido perdón por haber guardado silencio"...
En ese instante las copas de los árboles se movieron levemente y cayeron algunas flores, Sintió María José que un suave viento rozó su cara y una brisa fresca besó sus mejillas. Alzó la mirada al cielo sintiendo una paz inmensa y dio gracias a Dios por eso. Se levantó y caminó a casa con la alegría de saber que lleva en su corazón "el amor más grande del mundo"...

LA LUCIÉRNAGA Y LA SERPIENTE


La luciérnaga y la serpiente


Cuenta la leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga.
Ésta huía rápido con miedo de la feroz predadora y la serpiente
al mismo tiempo no desistía.
Huyó un día y ella la seguía, dos días y la seguía…

Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:
- ¿Puedo hacerte tres preguntas?
- No acostumbro dar este precedente a nadie pero como te voy a devorar,
puedes preguntar!!! – contestó la serpiente.

- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia? – preguntó la luciérnaga.
- No!!! – contestó la serpiente…

- ¿Yo te hice algún mal? – dijo la luciérnaga.
- No. – volvió a responder la serpiente.
-
 Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?
- ¡¡¡Porque no soporto verte brillar!!!


Moraleja:

Muchos de nosotros nos hemos visto envueltos en situaciones
donde nos preguntamos:

¿Por qué me pasa esto si yo no he hecho nada malo, ni daño a nadie?

Sencillo es de responder… Porque no soportan verte brillar……!!!!

Cuando esto pase, no dejes de brillar, continúa siendo tú mismo,
continúa y sigue dando lo mejor de ti,
sigue haciendo lo mejor, no permitas que te lastimen, no permitas que te hieran,
sigue brillando y no podrán tocarte… porque tu luz seguirá intacta.

Tu esencia permanecerá, pase lo que pase…..

Se siempre auténtico, aunque tu luz moleste a los predadores!!

EL PORTERO DEL PROSTÍBULO


EL PORTERO DEL PROSTÍBULO

No había peor oficio en el pueblo, que ser portero del prostíbulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio.
Un día, se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, muy creativo y emprendedor, y decidió modernizar el negocio. Hizo cambios y citó al personal para dar las nuevas instrucciones.  Y le dijo al portero:
- A partir de hoy, usted,  además de estar en la puerta, va a preparar un reporte semanal, donde registrará la cantidad de personas que entran, y además, anotará sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio.
- ¡Me encantaría complacerlo, señor!, pero no sé leer ni escribir.
- ¿Cómo?... Cuánto lo siento, pero tendré que prescindir de sus servicios.
- ¡Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida!
- Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted; le vamos a dar una indemnización hasta que encuentre otra cosa. Lo siento y que tenga buena suerte.
Sin más, se dio vuelta y se fue  
El portero sintió que el mundo se le derrumbaba. ¿Y ahora, Qué iba hacer...? Y recordó que en el prostíbulo, cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, él lograba hacer un arreglo sencillo y provisorio.
Pensó que ésta podría ser una ocupación transitoria, hasta conseguir un empleo, pero sólo contaba con unos clavos oxidados, y una tenaza derruida. Entonces pensó que usaría parte del dinero de la indemnización para comprar una caja de herramientas completa.
Como en el pueblo no había ninguna ferretería, debía viajar dos días en mula, para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. Y emprendió la marcha. A su regreso, su vecino llamó a su puerta:
- ¡Hola vecino!, ¿vengo a ver si tiene un martillo que me pueda prestar?
- Sí, lo acabo de comprar, pero lo necesito para trabajar, como me quedé sin empleo...
- Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.
- ¡Está bien!
A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.
- Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo  vende?
- ¡No puedo!, lo necesito para trabajar, y además, la ferretería está a dos días de viaje en mula.
- Hagamos un trato -dijo el vecino-. Yo le pagaré los días de ida y vuelta, más el precio del martillo; total, usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?
Realmente, esto le daba trabajo por cuatro días y aceptó. Volvió a montar su mula y, a su regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.
- ¡Hola, vecino! ¿Usted le vendió un martillo a mi compadre?, vengo a decirle que yo necesito unas herramientas, y estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje, más una pequeña ganancia... es que, no dispongo de tiempo para el viaje.
El ex-portero abrió su caja de herramientas, y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue. El portero Recordaba las palabras escuchadas:
"¡No dispongo de cuatro días para ir a comprar!"
Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara para traer herramientas. En el viaje siguiente, arriesgó un poco más de dinero, trayendo más herramientas de las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en viajes.
La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.
Con el tiempo, alquiló una bodega para almacenar las herramientas, y algunas semanas después, adaptó una vidriera y la bodega se transformó en la primera ferretería del pueblo.
Todos estaban contentos, y compraban en su negocio. Ya no viajaba, los fabricantes le enviaban sus pedidos pues él era un buen cliente.
Con el tiempo, las comunidades cercanas preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.
Un día, se le ocurrió que su amigo el tornero podría fabricarle las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por qué no?, las tenazas... las pinzas... los cinceles... y luego fueron los clavos y los tornillos... En diez años, aquel hombre se transformó en millonario, con su trabajo como fabricante de herramientas.
Un día, decidió donar una escuela a su pueblo. En ella, además de leer y escribir, se enseñarían las artes y oficios más prácticos de la época, y en el acto de inauguración de la escuela, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad, lo abrazó y le dijo:
- Es con gran orgullo y  gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de esta nueva escuela.
- El honor sería para mí -dijo el hombre-. Nada me gustaría más que firmar allí, pero no sé leer ni escribir; soy analfabeta.
- ¿Usted? -dijo el Alcalde, que no alcanzaba a creer-. ¿Usted construyó un imperio industrial, sin saber leer ni escribir? ¡Estoy asombrado! Me pregunto, ¿qué hubiera sido de usted si hubiera sabido leer y escribir?
- Yo se lo puedo contestar -respondió el hombre con calma-
Si yo hubiera sabido leer y escribir... ¡sería el portero del prostíbulo!...

Mis amigos: Generalmente, los cambios son vistos como adversidades.
Las adversidades encierran bendiciones.
Las crisis están llenas de oportunidades.
Puede ser tu mejor opción.

"EL PODER DE LA PALABRA"


EL PODER DE LA PALABRA
Cuenta la historia que en cierta ocasión, un sabio maestro se dirigía a su atento auditorio dando valiosas lecciones sobre el poder sagrado de la palabra, y el Influjo que ella ejerce en nuestra vida y la de los demás. "Lo que usted dice no tiene ningún valor"- lo Interpeló un señor que se encontraba en el auditorio. El maestro lo escuchó con mucha atención y tan pronto terminó la frase, le gritó con fuerza: "Cállate y siéntate, idiota, estúpido.
Ante el asombro de la gente, el aludido se llenó de furia, soltó varias impresiones y, cuando estaba fuera de sí, el maestro alzó la voz y le dijo: "Perdone caballero, le he ofendido y le pido perdón; acepte mis sinceras excusas y sepa que respeto su opinión, aunque estemos en desacuerdo".
El señor se calmó y le dijo al maestro: "Lo entiendo, y también le pido disculpas y acepto que la diferencia de opiniones no debe servir para pelear, sino para mirar las otras opciones".
El maestro sonrió y le dijo:
"Perdone usted que haya sido de esta manera, pero así hemos visto todos del modo más claro, el gran poder de las palabras:
Con unas pocas palabras te exalté, y con otras pocas palabras te calmé"
Las palabras no se las lleva el viento, las palabras dejan huella. 
Tienen poder e influyen positiva o negativamente...  Las palabras curan o hieren a una persona. Por eso mismo, los griegos decían que la palabra era divina y los filósofos elogiaban el silencio. 
Piensa en esto y cuida tus pensamientos, porque ellos se convierten en palabras; y también cuida tus palabras porque ellas marcan tu destino.
Medita sabiamente para saber cuándo y cómo hay que comunicarse, y cuándo el silencio es el mejor regalo para ti y para los que amas.
Eres sabio si sabes cuándo hablar y sabes cuándo callar.
Piensa muy bien antes de hablar, cálmate cuando estés airado, resentido o molesto. Habla sólo cuando estés en paz…
Recuerda que las palabras tienen poder y que el viento nunca se las lleva.
y siempre debes tener presente que:
 "Una cometa se puede recoger después de echarla a volar, pero las palabras jamás se podrán recoger una vez que hayan salido de tu boca".

jueves, 20 de septiembre de 2012

LOS TRES FILTROS


Los Tres Filtros
Un joven discípulo entró ansioso y afanado entró a la casa de su Maestro. Sin saludar, fijó su mirada en él, quien reposaba tranquilamente en la sala, y le dijo:
- Maestro, un amigo muy querido por Ud, estuvo hablando muy mal de Ud esta mañana.
- Espera, espera – respondió el Maestro – ¿ya le hiciste pasar la prueba de los tres filtros a lo que me vas a contar?
- ¿Los tres filtros? – Preguntó sorprendido el discípulo -.
- Sí, el primer filtro es LA VERDAD: ¿Es absolutamente cierto lo que oíste? – Inquirió de nuevo-.
- Bueno… me lo contaron los vecinos… supongo que… – dijo dudando -.
El Maestro interrumpió:
- Al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro que es LA BONDAD: Es bueno para alguien esto que vas a contarme, o tal vez, sin darte cuenta, ¿te estarás volviendo mensajero de malas intenciones?...
- No… – respondió el joven – no creo que esto que te voy a decir sea bueno para nadie.
- Muy bien, – dijo, – entonces, nos queda el último filtro: ¿Es ÚTIL lo que me vas a contar?
- Tal vez no… Maestro! – respondió tranquilo el joven -.
- Entonces, si no es verdadero, ni bueno, ni útil, mejor es que no lo discutamos – concluyó el Sabio Maestro -. Y entró de nuevo en Meditación…

EL ESPEJO DE LA VIDA.


Un Asombroso Velorio

Un día, cuando los empleados llegaron a trabajar, encontraron en la recepción un enorme letrero en el que estaba escrito:
“Ayer falleció la persona que impedía el crecimiento de Usted en esta empresa. Está invitado al velatorio, en el área de deportes”.
Al comienzo, todos se entristecieron por la muerte de uno de sus compañeros, pero después comenzaron a sentir curiosidad por saber quién era el que estaba impidiendo el crecimiento de todos sus compañeros y de la empresa.
La agitación en el área deportiva era tan grande que fue necesario llamar a los de seguridad para organizar la fila en el velatorio. Conforme las personas iban acercándose al ataúd, la excitación aumentaba:
¿Quién sería ese que estaba impidiendo mi progreso? ¡Qué bueno que ese infeliz ya se murió!
Uno a uno, los empleados agitados se aproximaban al ataúd, miraban al difunto y tragaban seco. Se quedaban unos minutos en el más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del alma…
Pues bien, en el fondo del ataúd solamente había un espejo… Cada uno se veía a sí mismo, con el siguiente letrero:
“Sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: ¡TÚ MISMO”!
Tú eres la única persona que puede hacer verdaderos cambios en tu vida.
Tú eres la única persona que puede perjudicar tu vida,
y tú eres la única persona que se puede ayudar a sí misma.

TU VIDA NO CAMBIA CUANDO CAMBIA TU JEFE o CUANDO TUS AMIGOS CAMBIAN,
TAMPOCO CUANDO TUS PADRES CAMBIAN o CUANDO TU PAREJA CAMBIA.
TU VIDA CAMBIA, CUANDO TÚ CAMBIAS… ERES EL ÚNICO RESPONSABLE DE ELLA.
“EXAMÍNATE Y NO TE DEJES VENCER”
“El mundo es como un espejo, que devuelve a cada persona, el reflejo de sus propios pensamientos. La manera como tu encaras la vida es lo que hace la diferencia”.
MIS AMIGOS Y AMIGAS: ESTA HISTORIA ES TITULADA EL ESPEJO DE LA VIDA.

PAPÁ OLVÍDALO...


PAPÁ OLVÍDALO!

Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor. Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos, y te reprendí porque masticabas con la boca abierta. Comenzaste a refunfuñar, y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso, te levanté por los cabellos y te empujé violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato… Camino a la escuela, no hablaste. Sentado en el asiento del carro, llevabas la mirada perdida. Te despediste de mí tímidamente, y yo sólo te advertí que no te portaras mal en el colegio.
Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el patio. Llevabas puestos unos pantalones nuevos y estabas sucio y mojado. Frente a tus amiguitos, te dije en voz alta que debías cuidar la ropa y los zapatos, que parecía no te importaba mucho el sacrificio de tus padres para comprarte la ropa. Te mandé para la casa para que te cambiaras, y mientras marchabas delante de mí, te indiqué que caminaras erguido…  Más tarde, continuaste haciendo ruido, y corriendo por toda la casa… A la hora de cenar, arrojé la servilleta sobre la mesa, y me puse de pie furioso, porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa, grité que no soportaba más ese escándalo, y subí a mi cuarto. Al poco rato, mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta de que había exagerado mi postura, y tuve el deseo de bajar para hacerte cariño, pero no pude. ¿Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido? Luego escuché unos golpecitos en la puerta. "Adelante", dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio, y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación. Te miré con seriedad y pregunté: ¿Te vas a dormir?, ¿vienes a despedirte? No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y, sin que me lo esperara, aceleraste tu andar, y corriste para echarte en mis brazos cariñosamente. Te abracé, y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus bracitos rodearon fuertemente mi cuello, y me diste un beso suavemente en la mejilla. Sentí que mi alma se quebrantaba. "Hasta mañana, papito" me dijiste…  Ay mi Dios… ¿Qué es lo que estaba haciendo?, ¿Por qué me desesperaba tan fácilmente? Me había acostumbrado a tratarte  como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí, y ciertamente no eras igual. Tú tienes unas cualidades que Yo no tengo: eres legítimo, puro, bueno y sincero,  y, sobre todo, sabes demostrar amor. Dios mío: ¿Por qué me costaba tanto trabajo?, ¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado? ¿Qué es lo que me estaba pasando? ¡Yo también fui niño! ¿Cuándo fue que comencé a contaminarme?... Después de un rato entré a tu cuarto, y encendí la luz con cuidado. Dormías profundamente. Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé. Me incliné para rozar tu mejilla con mis labios, respiré tu aroma limpio y dulce. No pude contener el llanto, y cerré los ojos… Una de mis lágrimas cayó en tu piel sin que lo notaras. Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio. Te cubrí cuidadosamente con las cobijas, y salí de la habitación.
Querido hijo: al pasar de los años y cuando tu tengas también tus hijos, algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores...,     ¡Te amo más que a mi vida!